EL TIEMPO LIBRE TAMBIÉN EDUCA: ¿POR QUÉ LAS ACTIVIDADES
EXTRACURRICULARES SON CLAVE PARA EL DESARROLLO INTEGRAL DE LOS JÓVENES?
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Los adolescentes
pasan en promedio 7 horas y 22 minutos al día frente a pantallas, lo que
equivale a cerca del 43 % de sus horas de vigilia.
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Los estudiantes
de 10 y 15 años en Bogotá han registrado una disminución significativa en
habilidades socioemocionales como la apertura mental, competencia asociada a la
creatividad, la curiosidad y la tolerancia.
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Un experto brinda
4 ventajas de que los jóvenes complementen sus días con actividades
extracurriculares.
En un contexto en el que niños y adolescentes pasan cada vez más tiempo frente a las pantallas, el uso formativo del tiempo libre se ha convertido en un tema central para las familias y el sector educativo. Actualmente, los adolescentes pasan en promedio 7 horas y 22 minutos al día frente a dispositivos digitales, lo que equivale a cerca del 43 % de sus horas de vigilia, de acuerdo con un reporte de la plataforma de análisis de tendencias Exploding Topics. Este escenario ha intensificado la preocupación sobre cómo equilibrar el consumo digital con experiencias que aporten al desarrollo integral.
En este sentido, promover
actividades que trascienden el ámbito
estrictamente académico no solo diversifica el uso del tiempo libre, sino que
también fortalece habilidades socioemocionales como la perseverancia, la autorregulación y el trabajo en
equipo. Según estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económicos (OCDE), estas competencias influyen de manera significativa tanto en
el desempeño académico como en la trayectoria futura de los estudiantes.
En conversación con el padre Carlo
D’Imporzano, presidente de la Corporación Euroamericana de Educación y fundador
del Gimnasio Campus Pampuri, esta reflexión adquiere especial relevancia en
el contexto colombiano. Pues, de acuerdo con la OCDE, estudiantes de 10 y 15
años en Bogotá han mostrado una disminución en habilidades como la apertura mental
—relacionada con la creatividad, la curiosidad y la tolerancia—, lo que plantea
desafíos para su desarrollo integral.
Para D’Imporzano, este panorama refuerza la importancia de promover
experiencias formativas complementarias, como el arte y el deporte, integradas
tanto dentro como fuera del aula, que permitan fortalecer las competencias
socioafectivas y el desarrollo personal y académico de niños y jóvenes.
Bajo este contexto, se destacan cuatro ventajas de que los jóvenes complementen sus días con
actividades extracurriculares:
· La experiencia como lugar de construcción personal: La participación en actividades deportivas, artísticas o tecnológicas se convierte en un ámbito real donde el estudiante verifica quién es frente a los otros, aprende el valor del trabajo compartido y fortalece su conciencia de sí en relación con la realidad.
· La libertad que se educa en la responsabilidad: Los espacios formativos fuera del aula favorecen la asunción libre de compromisos, el cuidado del tiempo y la constancia como expresión de una libertad que madura a través de decisiones concretas.
· El encuentro con la realidad que ensancha la razón: La música, el arte, el deporte o la programación no solo desarrollan habilidades cognitivas, sino que amplían la capacidad de asombro, juicio crítico y creatividad al poner a prueba la inteligencia frente a hechos concretos.
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El descubrimiento del propio
camino en la experiencia: Las actividades
extracurriculares permiten reconocer inclinaciones y talentos a partir de la vivencia
directa, ayudando al joven a intuir su vocación como respuesta a aquello que
despierta su interés y compromiso.
Un ejemplo concreto de este enfoque
de formación integral es la propuesta del Gimnasio Campus Pampuri, institución ubicada en Bogotá, que
incorpora estas experiencias dentro de su proyecto educativo y de la jornada
escolar, bajo la premisa de que el aprendizaje se consolida a través de la
acción, la práctica y la experiencia directa. En este modelo, las
actividades no se conciben como simples complementos, sino como parte
estructural de una formación que entiende el desarrollo integral como un
proceso que va más allá de lo estrictamente académico.
De manera adicional, el colegio ofrece actividades extracurriculares como fútbol, patinaje, taekwondo, ballet, robótica y música, brindando a las familias la posibilidad de acceder a estos espacios de forma independiente, según los intereses y motivaciones de cada estudiante. Esta apuesta responde a un enfoque pedagógico que reconoce la motivación personal como un motor clave del aprendizaje y del desarrollo de habilidades esenciales para la vida.
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