Ni siempre hay que calentarla ni hay que refrigerarla
en el mismo instante: las guías de conservación desmienten varias creencias
frecuentes.
Extraer leche permite
que el bebé siga recibiendo leche materna cuando su mamá no está, ya sea por el
regreso al trabajo, una salida o simplemente para repartir las tomas. Pero
alrededor de cómo guardarla, calentarla y limpiar lo que se usa circulan consejos
heredados que no siempre coinciden con las recomendaciones actuales, y que
pueden hacer que se desperdicie leche o que se descuide la higiene.Para aclararlos, la Doctora Karinne Jirón Machado, pediatra, neonatóloga e integrante de la International Board of Certified Lactation Consultants (IBCLC), revisó cinco mitos frecuentes a la luz de las guías de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.
Mito 1: “Hay que
refrigerarla apenas se extrae”.
No necesariamente.
Según los CDC, la leche recién extraída puede permanecer hasta cuatro horas a
temperatura ambiente, siempre que esta no supere los 25°C; en el refrigerador
se conserva hasta cuatro días, y en el congelador lo ideal es usarla dentro de los
seis meses. En ciudades o temporadas de calor, donde el ambiente supera esa
temperatura, lo prudente es refrigerarla cuanto antes.
Mito 2: “Siempre
hay que calentarla”.
Falso. La leche
materna puede ofrecerse fría, a temperatura ambiente o tibia, según lo que el
bebé acepte. Si se calienta, debe hacerse con el recipiente cerrado dentro de
agua tibia o con un calentador, y nunca en el microondas ni directamente al
fuego.
Mito 3: “Si sobró
en el biberón, se guarda para la siguiente toma”.
No. Los CDC indican
que la leche que el bebé no terminó debe usarse dentro de las dos horas
siguientes a la toma; después de ese plazo, hay que desecharla. Por eso
conviene servir porciones pequeñas y completar solo si el bebé pide más.
Mito 4: “La leche
descongelada se puede volver a congelar”.
Nunca. Una vez
descongelada, la leche debe usarse dentro de las 24 horas si se mantiene en el
refrigerador, o en un plazo de una a dos horas si está a temperatura ambiente.
Descongelar siempre primero la leche más antigua ayuda a no perder ninguna.
Mito 5: “Con
enjuagar las piezas basta”.
Es uno de los más
extendidos. Los CDC advierten que los gérmenes pueden multiplicarse rápidamente
en los residuos de leche que quedan en el extractor y los biberones, por lo que
hay que lavarlos después de cada uso, dejarlos secar al aire y desinfectarlos
al menos una vez al día, sobre todo si el bebé tiene menos de tres meses, nació
prematuro o tiene el sistema inmunitario debilitado. Equipos como el Momcozy
KleanPal Pro reúnen esos pasos en un solo ciclo: lavan con chorros
dirigidos al interior y al exterior de cada pieza, esterilizan con vapor a
100°C y secan sin necesidad de paños.
“Muchas mamás desechan
leche por temor o la conservan más tiempo del recomendado porque reciben
consejos contradictorios. Conocer los tiempos y las condiciones adecuadas de
conservación les da tranquilidad y evita que desperdicien una leche que les
costó tiempo y esfuerzo extraer. La limpieza de los biberones y de las piezas
del extractor también es fundamental: conservar bien la leche y cuidar la
higiene de los utensilios son medidas que van de la mano”, explicó la Doctora
Karinne Jirón Machado
“Cada onza de leche
extraída representa tiempo y dedicación de una mamá. Queremos que la
información correcta llegue a más familias, y que cuidar esa leche no se
convierta en otra carga. Por eso trabajamos en herramientas que simplifiquen la
parte más repetitiva de la rutina, como lavar, desinfectar y secar, para que lo
que quede sea el tiempo con el bebé”, afirmó Angélica Nieves, vocera de
Momcozy para Latinoamérica.
Además de lavar,
esterilizar y secar, el KleanPal Pro mantiene biberones y piezas en
almacenamiento higiénico hasta por 72 horas, de modo que el equipo esté listo
para la siguiente extracción sin tener que volver a lavar. Cuenta con un modo
de lavado rápido de 19 minutos y nueve combinaciones de programas.
Los tiempos de
conservación mencionados aplican para bebés sanos nacidos a término. Para bebés
prematuros, hospitalizados o con alguna condición de salud, la recomendación es
seguir las indicaciones del pediatra.

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